El cine en Chihuahua 1895 – 1930: El entretenimiento que cambió la ciudad


Introducción

El cine, es el producto del ingenioso proyecto de los hermanos Lumière, que jamás se imaginaron que después de cien años de haber creado tan importante invento, revolucionarían al arte y a la sociedad. Cuando el cine llegó a México, fue un cambio total y esa no fue la excepción cuando la más reciente novedad, arribó a la ciudad de Chihuahua. La cuestión política, social y económica influyó en el cine primitivo, la creación de salones y cines que serían el principio de la industria cinematográfica. ¿Qué sería de nosotros sin el cine? ¿Qué hubiera pasado si los hermanos Lumière y su invento no llegaran a México? Si se pensara qué sería de la sociedad si nunca se hubiera inventado el cine, tal vez la radio continuaría como el entretenimiento familiar por excelencia, pero, por fortuna, en 1895, dos franceses se hicieron la misma pregunta y crearon el cinematógrafo.

            La historia del cine siempre ha guardado grandes historias, misterios y curiosidades, cualquiera puede ver una película en la pantalla del cine, pero pocos conocen la historia de los lugares en donde se desarrollaban las primeras proyecciones de cinematógrafo. Con el paso del tiempo, las costumbres fueron cambiando, así como el contenido y el reglamento que regían los contenidos e incluso, al mismo recinto de proyección. Más que nada, el cine ha sido el pequeño mapa o imagen reflejada en una pared, que le mostraba a los más pobres o a los más ricos, lugares inimaginables, como los montes Himalaya, los Andes, París o Egipto[1].

            Dentro del campo que ahonda sobre la investigación del proceso de introducción y desarrollo del cine en el país, se encuentran obras como las publicadas por Juan Felipe Leal; 1900: Segunda Parte. El cinematógrafo y los teatros: Anales del cine, 1902: La magia del cine: Anales del cine en México, 1895 – 1911, Vol. 8, La Revolución mexicana en el cine estadounidense: 1911 – 1921 y 1904: El cine y la publicidad: Anales del cine en México, 1895 – 1911, los cuales constituyen una parte fundamental al momento de iniciar un proyecto de investigación sobre el cine, puesto que presentan el desarrollo del mismo, la publicidad, el uso del cine en la revolución, entre otros temas.

Aurelio de los Reyes con Cine y Sociedad en México 1896 – 1930, es una excelente fuente, pues narra lentamente como nació la aventura del cinematógrafo por el mundo, desde su partida de Francia hasta el cine de oro mexicano y como la sociedad fue afectada por el cine. Estas publicaciones sólo se enfocan al desarrollo del cine en el plano nacional, mientras que en el aspecto estatal, se encuentra el único libro que se considera como imprescindible para hablar del tema, el cual corresponde a Alma Montemayor; Cien años de Cine en Chihuahua, es una de las pocas obras que aborda el tema de la historia del cine en la ciudad de Chihuahua. Aunque su explicación es breve, cuenta con la explicación del lugar donde se encontraban los primeros cines, quienes fueron sus principales mentores, cual fue el primer lugar donde se realizó la primera proyección de cinematógrafo, así como los orígenes.

            Con esta investigación, se ha aportado un poco a lo que fue el cine en sus inicios en la ciudad de Chihuahua, debido a los pocos trabajos existentes en la materia, para así mostrar cómo el cine se convirtió en todo un negocio en la localidad, conforme los precios de los cinematógrafos se hicieron accesibles para su adquisición. Unido a esto, se encuentran los deseos de todas aquellas personas que obtuvieron fama por las películas o “vistas” que se filmaban, también el talento de quienes deseaban darse a conocer por todo el mundo, y que hoy, esas personas son grandes leyendas del cine, como Greta Garbo, Ingrid Bergman, Marlene Dietrich, Rita Hayworth, Clark Gable, Charlie Chaplin, entre otros.

            Dentro de este artículo se pretende conocer cuál fue el proceso de llegada del cinematógrafo a México y, con posterioridad a la ciudad de Chihuahua, cuáles fueron los obstáculos a los que se enfrentó el aparato francés durante su estadía en el país, quien o quienes fueron los que trajeron el cinematógrafo a la capital chihuahuense y cuáles eran los tipos de cines que existieron en la localidad, todo esto acompañado de los objetivos de conocer el enfrentamiento del kinetoscopio con el cinematógrafo, los nombres de las primeras cintas proyectadas y la presentación de los cines más representativos de la ciudad.

            Estos preceptos se verán reflejados en las divisiones del presente artículo, primero, con la mención de un breve esbozo del contexto histórico, visto desde el plano internacional, nacional y estatal, después, dentro del subtema Damas y caballeros, el magnífico cine (1895 – 1898), se conocerá la invención, llegada a México y posterior expansión del cinematógrafo por el país, en Mucha gracias señor Mongrand: el arribo del cinematógrafo a la ciudad de Chihuahua (1898 – 1930), se hablará de cómo llegó el cinematógrafo a la capital chihuahuense, su establecimiento formal en los diversos tipos de establecimientos que existieron, mentores y empresarios  y, para finalizar, los Primeros cines, donde se presentaran los lugares más emblemáticos de la localidad.

Contexto histórico (1895 – 1930)

Hacia finales del s. XIX, el mundo experimentó cambios que a largo plazo, trajeron beneficiosas ventajas para las potencias industriales. En Europa, las potencias colonialistas de Francia, Inglaterra, España y Portugal, vivieron un corto tiempo de paz, con la presencia de las grandes exposiciones universales de París y el inicio de los Juegos Olímpicos, pero esta tranquilidad cambió en 1914 con el inicio de la Primera Guerra Mundial[2].  Años más tarde, con los felices años veinte, cuya felicidad terminaría justo en 1929, puso a temblar la economía mundial al desplomarse la bolsa de valores de Nueva York, miles de acciones se perdieron y la crisis sucumbió por todo el mundo[3].

            En el plano nacional, en México se vivió el periodo conocido como Porfiriato, época de prosperidad y de afrancesamiento cuya era se fracturó con el estallido de la revolución mexicana el 20 de noviembre de 1910. Durante diez años, el territorio nacional, se vio inmiscuido en una sangrienta guerra que culminaría en 1920 con el gobierno de Álvaro Obregón. Tiempo después, en 1926, la guerra de los cristeros comenzó para terminar en 1929, año en el cual, la crisis económica azotó a México, lo que provocó que las importaciones se redujeran y miles de mexicanos provenientes de Estados Unidos, regresaran a tierras mexicanas[4]. En el contexto estatal, la ciudad de Chihuahua, comenzó a ser decorada con bellas construcciones de estilo francés, todo esto heredado del Porfiriato, la revolución mexicana azotó al estado, y como consecuencia de ello, la expulsión masiva de familias adineradas de la región. Para 1920, finalizado el conflicto bélico, con la expansión de la localidad aparecen nuevos comercios que se vieron afectados por la crisis de 1929[5].

Damas y caballeros, el magnífico cine (1895 – 1898)

La historia del cine, se remonta hacia mediados del s. XIX en Francia, con la adquisición de un kinetoscopio por parte de los hermanos Louis y Auguste Lumière, quienes lo perfeccionaron y nombraron como cinematógrafo[6]. El invento causó sensación en la comunidad francesa, pues nunca antes se había visto algo similar o parecido al invento. Pero los hermanos Lumière no estaban solos en la carrera del mejor invento para reproducir imágenes. Del otro lado del océano Atlántico, Thomas Alva Edison, inventor del kinetoscopio, entabló una lucha por mantener el prestigio de su invención y por exterminar con todos los proyectos derivados de su trabajo[7], aunque, existieron pros y contras entre ambos aparatos.

            En primer lugar, el kinetoscopio era para una solo persona, que tenía que posarse sobre el lente para ver la película que se proyectaba. El cinematógrafo, se proyectaba sobre una pared lisa y mostraba diversas imágenes a varias personas al mismo tiempo[8]. El kinetoscopio, era un invento seguro, pues no corría el riesgo de que se incendiara ya que el celuloide estaba dentro del aparato, pero los personajes eran diminutos, casi del tamaño de los liliputenses, además era muy pesado ya que tenían que cargarlo varios hombres[9], mientras que el cinematógrafo necesitaba luz eléctrica para poder funcionar, la cinta de celuloide era muy flamable, las personas eran casi de tamaño real y sólo pesaba cinco kilos y su manejo era sencillo[10].

Sea como fuera, el cinematógrafo logró capturar la atención del público luego de su exitosa proyección inicial del 28 de diciembre de 1895, en París, para luego viajar por Francia y expandir su fama por todo el mundo, trayecto que inició en 1896. Cuando el invento francés llegó a América, primero se estableció en Estados Unidos y, de manera posterior, en México, aunque el primero en arribar a tierra azteca fue el kinetoscopio. Al momento de la llegada del invento norteamericano al país, la gente se sorprendió, pues nunca antes habían visto similar objeto que permitiera ver una cinta. La presencia de la Edison Manufacturing Company en México data desde enero de 1895, fecha en la que John R. Roslyn, por medio de la firma Maguire & Baucus[11] consiguió exhibir el kinetoscopio en el país. Roslyn instaló cinco kinetoscopios en un local de la calle de la Profesa #650 y, el 20 de enero, se invitó a Porfirio Díaz a ser partícipe de la presentación del invento estadounidense[12].

            La maquinaria de los Lumière, llegó a México en agosto de 1896, de la mano de Claude Ferdinand von Bernard y Gabriel Veyre, quienes el 6 de agosto de 1896, ofrecieron la primera proyección de cinematógrafo. Esta exhibición fue exclusiva para la familia del presidente Porfirio Díaz, en el Castillo de Chapultepec, una semana después, el 14 de agosto, se realizó la primera muestra pública del invento francés[13]. El kinetoscopio no obtuvo el éxito deseado en tierras mexicanas, pues el país se encontraba bajo la idea utópica de imitar a Francia, el positivismo y el lema de “orden y progreso” era sólo exclusivo para lo relacionado con lo galo, además de que la herida de la guerra de 1847 aún quedaba abierta, razón por la que el artefacto de la nación que más daño le había causado a México fue remplazado, con motivo de júbilo y alegría por el cinematógrafo francés.

Conforme pasó el tiempo, el cinematógrafo tuvo la necesidad de seguir su camino recorriendo el país. Fue así como empezaron a aparecer los primeros empresarios, que interesados por la creciente popularidad del cinematógrafo, se enfrentaron hacia un camino desconocido. Poco a poco, aparecieron compañías que recorrieron la república mexicana[14], llevando con ellos la maquinaria francesa. En cada ciudad a la que llegaban las caravanas, el público quedaba asombrado y comenzó a presentarse una fiebre por el cinematógrafo. Todos querían asistir a ver una simple “vista” de menos de un minuto de duración.

El transporte fue siempre un medio difícil, pues la caravanas traían su “carro completo”, es decir, cargaban su proyector con las “vistas” cinematográficas, por lo general entre cincuenta o cien, lentes, bobinas, lámparas, reguladora de mano, reóstato, campanas, pilas, cilindros para producir luz de oxilita, carbones, alambre eléctrico, manijas, tablas, toma-vistas, cubetas, bastidores, ingredientes químicos, película virgen y refacciones. Los caravaneros, para aumentar la producción que proyectar, tomaban “vistas” de los lugares que visitaban[15].

Pero también debían de contar con el personal para la manipulación del cinematógrafo, profesión que cualquiera lo podía ejercer, sólo era cuestión de encontrar un joven o cualquier hombre que pasara por la calle, el único requisito era, tener buena voluntad y disponibilidad para viajar, aunque esto corría el riesgo de que, cuando el manipulador se cansara, la película podía quemarse y, de pasada, todo lo que había a su alrededor[16].

Muchas gracias Señor Mongrand: el arribo del cinematógrafo a la ciudad de Chihuahua (1898 – 1930)

Luego de la presentación del cinematógrafo, y su posterior recorrido por la república mexicana, muchos personajes se aventuraron a llevar caravanas a lugares tan alejados de la capital que, incluso, se cree que existieron aventureros que llegaron hasta los lugares más alejados del país, es decir, que atravesaron montañas y cruzaron ríos para llevar al cinematógrafo a los lugares más inhóspitos de México[17]. Para recorrer distancias tan largas, se enfrentaron a toda clase de penurias e inseguridades, pues los caminos de la era porfiriana, no garantizaban un viaje seguro. Aunque la existencia del ferrocarril como medio de transporte imperante en la época, éste sólo fue esencial para el envío de las cintas que se veían en las ciudades.

Estos hombres eran conocidos como trotamundos, pues recorrieron el país durante diez años, de 1896 a 1906, aunque en su gran mayoría eran franceses que se establecieron en México, como parte de la campaña de difusión del cinematógrafo que llegaron entre 1896 y 1898[18]. Carlos Mongrand, Enrique Rosas, Salvador Toscano, Manuel Adams, Guillermo Becerril, Enrique Moulinié y Sthal Hermanos[19], fueron los primeros en aventurarse a recorrer el país y llevar el cine a la población mexicana. La llegada del cinematógrafo a la ciudad de Chihuahua, es un poco confusa, pues existen tres versiones. La primera habla de la llegada del invento de la mano del francés Carlos Mongrand, otra maneja su llegada al español Eduardo Albafull, radicado en la capital del estado grande, y la segunda, que fue presentado por el circo Treviño.

            Carlos Mongrand, fue un empresario francés que llegó a México en 1896, junto con su compañía “Misterios y Novedades”, fueron recorriendo la república mexicana con la presentación de números de resdigitación y trucos ópticos. En 1897, cuando se asoció con Salvador Toscano, unieron sus compañías en 1899[20]. Se sabe que Monsieur Mongrand, como era conocido, fue uno de los primeros cineastas en realizar filmaciones en el estado de Chihuahua y, con posterioridad, proyectó en el desaparecido Teatro de los Héroes. Mongrand, visitó en varias ocasiones la capital chihuahuense a lo largo de su carrera como caravanero durante diez años[21].

            Se dice que Albafull consiguió un cinematógrafo y comenzó a dar funciones en el Teatro Betancourt. La primera proyección se titulaba Veinte vistas de diferentes países, acompañada por la zarzuela Mendoza. La presentación se realizó el 25 de junio de 1898. Esto sucedió dentro de la breve temporada de exposición que sólo duró cinco días, ya que para el 30 del mismo mes, el cinematógrafo arribó a Hidalgo del Parral[22]. No se sabe cuáles eran las películas o “vistas” que se proyectaron en la ciudad de Chihuahua, aunque se cree que fueron las mismas exhibidas en la ciudad de México, la mayoría de ellas de origen francés como Llegada del tren, Montañas rusas, La comida de un niño, Salida de los talleres Lumière y El regador y el muchacho[23].


Los periódicos de la época fungieron como carteleras de los cines primitivos. Fuente: Cine y Sociedad en México 1896 – 1930, Aurelio de los Reyes, pag. 17

            La tercera versión, habla de la llegada del cinematógrafo por parte del circo Treviño. Esta atracción, se estableció en donde se encuentra el parque Abraham González, localizado entre la Av. Independencia y Paseo Bolívar[24]. La llegada del invento francés, por parte de este grupo de empresarios, según el libro de Alma Montemayor Cien años de cine en Chihuahua, fue en junio de 1899[25]. Cabe destacar, que a pesar de que el kinetoscopio llegó primero a México, este se exhibió en la ciudad de Chihuahua en 1899, aunque sólo se realizaron dos proyecciones y su anuncio se realizó por nombres distintos al original, tales como “animascope” y “magnógrafo eléctrico”[26].

            Durante la estancia de las caravanas en la ciudad de Chihuahua, se tenía que hacer uso de la publicidad para atraer a la población para que se acercaran a ver lo que los recién llegados tenían que ofrecer. Para eso, se hizo uso de los llamados “convites”, que eran una manera ruidosa de llamar la atención del público. Para esta tarea, se alquilaban músicos o grupos de muchachos gritones para que recorrieran la ciudad al compás de la música o del estruendo de cohetes, al mismo tiempo que invitaban a la gente a asistir a las funciones y entregaban programas de mano[27].

            Uno de los muchos problemas a lo que se enfrentó el cinematógrafo, fue la electricidad. El estado de Chihuahua tenía poco que había comenzado a trabajar con energía eléctrica, por lo que los primeros cinematógrafos se encontraron limitados en sus funciones. Fue cuando el ingenio suplió las barreras y se tendieron largos alambres desde las fuentes de energía hasta teatros y salones[28]. Aunque estos métodos eran peligrosos, ya que cualquier corto incendiaría las instalaciones y el aparato, existieron otro tipo de cinematógrafos que funcionaban con luz solar y eran menos riesgosos[29].

Conforme transcurrió el tiempo, poco a poco, el cine se convirtió en un negocio redituable para los empresarios capitalinos de Chihuahua quienes establecieron los primeros cines, salones y carpas. Sin embargo, desde los inicios del cine, éste se vio como un espectáculo de la alta clase social, eso no dejó de ser algo que les quitara el sueño a las clases bajas, pues con menos comodidades y preferencias que un teatro, los estratos bajos asistían a carpas o jacales para poder disfrutar del invento. Desde la llegada del cinematógrafo, los lugares donde se exhibían las “vistas”, y más tarde, las películas, se catalogaban en siete tipos de establecimientos.

            La primera clase de instalaciones de las que echó mano el cinematógrafo en México, y también en la ciudad de Chihuahua, fueron lugares destinados a usos distintos, pero que se encontraban acondicionados al propósito, como es el caso de la Droguería Plateros, el primer lugar donde se realizó la primera proyección en la capital mexicana[30]. La segunda instalación, fueron los teatros de diversa categoría. Durante las caravanas, estos recintos eran los lugares de provincia más solicitados. Ejemplos de estas infraestructuras, el Teatro Betancourt, pero la ocupación de estos espacios por el cinematógrafo, generó un conflicto entre los empresarios del cine y las compañías teatrales, esto debido a que la población se sentía más atraída por el invento francés que por las obras de teatro[31].



Teatro de la Ciudad, anteriormente Cine Colonial y Teatros Centenario y Betancourt. Fuente: Archivo Personal María Montana

            En tercer lugar se encontraban las muy precarias, carpas y jacalones, como el caso del circo Treviño y el primitivo cine Azteca de la capital chihuahuense. En estos lugares se ofrecían una mayor variedad de espectáculos que en los teatros, pues aquí se presentaban actuaciones de cantantes, bailarinas, presdigitaciones entre otros. En el cuarto puesto, los recintos acondicionados para operar de manera permanente con tal objeto, cabe destacar que aún no es el típico edificio de cine actual, sino su ancestro: los salones, como el Salón Rosa[32].

            Quinta posición, los célebres “teatro-salones”, conocidos por ser sólo un modesto jacal, llamados “teatros de barrio” o “teatros de segunda clase”. Sexto lugar, los “teatro-cines, que eran construcciones de naturaleza hibrida y eran usados para dos propósitos; funciones de teatro y cine, por ejemplo, el cine Alejandría, ubicado en la colonia Industrial de la ciudad de Chihuahua. Y, en último lugar, los locales edificados ex profeso para funcionar de manera exclusiva y permanente como salas de proyecciones, como los cines actuales[33].

Los costos en los cines primitivos, eran muy accesibles para la población, aunque estos variaban acorde al tipo de instalación, pero en su mayoría, los costos oscilaban entre los diez y los veinticinco centavos[34]. Y aunque los lugares donde se llevaban a cabo las proyecciones de cinematógrafo, se multiplicaban a diario, siempre existieron sus restricciones, como la  censura de películas, y también las verificaciones por parte de la autoridad que supervisaba que todo estuviera en orden total y sin disturbios para que la función se llevara en plena tranquilidad[35].

            Pero, lo que para la sociedad comenzó a ser un entretenimiento barato, pronto se convirtió en un medio de información para las masas. Todo esto inició con la llegada de la revolución mexicana la cual acarreó beneficios y prejuicios al cine. Uno de ellos fue la expulsión por parte de Francisco Villa de las familias acaudaladas, entre ellas Eduardo Albafull, quien abandonó la ciudad[36]. Como parte del interés del público, querían conocer el desarrollo del conflicto, esto sucedió cuando se proyectó el resultado de la Decena Trágica[37], pero no conocían a sus protagonistas. Fue así, cuando en 1913, la compañía americana independiente Mutual Film Corporation, inició una relación con el general Francisco Villa, que con el paso de los meses, originó toda una filmografía. El camarógrafo Charles Rosher, comenzó a rodar el 2 de noviembre de 1913 la acometida de Villa contra la capital chihuahuense[38]. Con estas acciones, durante la época revolucionaria, los salones, teatros y primeros cines, registraron una serie de proyecciones, lo que en 1915, provocó que Alberto Damiani abriera el cine Azteca[39], lo que demuestra una demanda en el entretenimiento, pero también como parte para recaudar fondos para las viudas y niños huérfanos, víctimas de la entonces “guerra civil”[40].

Después de terminada la revolución mexicana, los establecimientos de cine fueron mejorados hasta obtener su reconocimiento como negocio formal. Ya no cumpliría con la función de informar a las masas, sino de entretenerlas. Poco a poco, las películas mudas dieron paso al cine sonoro, lo que propició la llegada de películas clásicas de Hollywood, pero también mexicanas que fomentaron el nacionalismo mexicano. Con esto, los empresarios del cinematógrafo en la ciudad de Chihuahua, habían comprendido que el cine era una diversión que permanecería por largo tiempo en el gusto del público, razón por la que familias que tenían inversiones en el ramo de la industria minera y de embotelladoras, apostaron por la construcción de recintos de cine, es cuando entra en acción la compañía de Calderón y Salas Porras[41].

Esta compañía estaba constituida por los hermanos José y Rafael Calderón, que se asociaron con Don Juan Salas Porras. Ellos fueron los primeros en adquirir y construir cines en la ciudad de Chihuahua con una amplia visión empresarial. Su objetivo era el de explotar negocios de cinematógrafo y variedades por el término de veinte años. Es en 1919, cuando estos empresarios adquirieron el viejo cine Alcázar para que en 1927, inauguraran el nuevo cine Alcázar[42]. Ellos fueron los precursores de las llamadas “cadenas de cine” en la ciudad, pero a diferencia de los consorcios cinematográficos, Calderón y Salas Porras, tuvieron una constante presencia en la sociedad chihuahuense al organizar fiestas populares en la inauguración de sus cines, con el apoyo de artistas locales y administración directa de sus salas[43].

En los años veinte, se establecieron con más formalidad los cines que perduraron hasta finales del siglo, como el Apolo, Estrella, Alejandría y Ávalos, que fueron los más reconocidos. Muchos chihuahuenses esperaban el fin de semana para acudir a los cines a ver las películas más afamadas de la época además, de que en ciertas ocasiones, los cines contaban con la visita especial de algún actor o actriz importante del momento[44], lo que incrementó la asistencia.

Primeros cines

La trayectoria del cinematógrafo en la ciudad de Chihuahua, conllevó a la construcción o instalación de lugares donde ofrecer sus espectáculos. Algunos eran establecimientos formales que sólo modificaron sus escenografías, en el caso de los teatros, para albergar las proyecciones, pero otros, tuvieron que diseñar los interiores por completo. Existieron múltiples cines, pero sólo se mencionaran aquellos que dejaron un fiel recuerdo en la memoria colectiva de los chihuahuenses y que aún se conservan vestigios físicos en el paisaje urbano capitalino.

            El teatro Betancourt, fue el primer lugar, en donde se dice, llegó el cinematógrafo. Aunque tiempo después, un voraz incendio lo destruyó, el empresario español Eduardo Albafull, lo reconstruyó y nombró al teatro “Centenario” en honor a los cien años de la independencia de México. Sin embargo, en 1910, con el estallido de la revolución mexicana, Albafull jamás imaginó que dicho movimiento impediría que se realizaran presentaciones de zarzuela, variedades y cinematógrafo en dicho recinto. Para marzo de 1911, se ofrecían funciones diarias, domingos y días festivos, había funciones dedicadas a los niños y entraban dos por un boleto. Entre las cintas exhibidas se encuentran El azote de la humanidad, La gratitud de un jefe indio, Moctezuma y Hernán Cortés, El desertor, Amor y celos y Desdemona y Otelo. Fue uno de los teatros que funcionó como “noticiero” de la revolución, pues se proyectaban escenas filmadas de los avances de la contienda bélica nacional. El teatro Centenario, después se convirtió en el cine Colonial, para después regresar a sus orígenes y cambiaral actual Teatro de la Ciudad[45]. Se encuentra ubicado en la calle Ojinaga #106, en el centro de la ciudad de Chihuahua.

Este salón, se ubicaba en la calle Victoria, cerca del primer cuadro de la ciudad. Era uno de los salones de cinematógrafo y variedades que se encontraba ubicado en el centro de la capital. Dicho lugar, destacaba por su elegancia, tanto que era conocido por las citas de “donde se cita la crema de nuestra sociedad”[46]. Este salón, era propiedad de Eduardo Albafull, y se inauguró a mediados de febrero de 1909. Ese mismo año, se ofrecieron estrenos diarios, como las películas El señor que persigue a las mujeres, El hombre de los guantes blancos y La señal reveladora. Era frecuente que también anunciaran funciones para niños. A lo largo de cinco años, el salón Rosa, exhibió las “vistas” más prestigiosas de la época, lo que en años posteriores, fuera recordado como el primer salón de cinematógrafo de Chihuahua[47].

Los cines primitivos. Fuente: Cine y Sociedad en México 1896 – 1930, Aurelio de los Reyes

            El viejo cine Alcázar, era un teatro que se encontraba ubicado en la calle Victoria, donde en la actualidad se encuentra el hotel San Francisco Quality Inn. Este lugar comenzó sus funciones meses antes del estallido de la revolución. Su propietario era Jesús Gutiérrez. El ancestro del cine Alcázar, sólo proyectaba películas mudas que eran acompañadas por orquesta en vivo. No es hasta 1919 cuando la empresa Calderón y Salas Porras, adquieren el viejo cine y es en 1927, cuando la misma empresa inauguró el nuevo cine[48].

            El Teatro de los Héroes, fue el segundo lugar que dio cobijo al cinematógrafo durante las caravanas realizadas por Carlos Mongrand. Fue en 1903 y 1904, cuando Mongrand presentó sus “vistas”, algunas filmadas en los lugares que había visitado y otras filmadas en la ciudad de Chihuahua. Algunas de las cintas proyectadas por Monsieur Mongrand se titulaban La trágica historia de María Antonieta, El poético cuento de la princesa del Bosque Durmiente, entre otros. Fue incendiado por un pirómano en los años cincuenta[49]. Su ubicación se encontraba donde se erige el edificio Héroes de Reforma, a un costado de Palacio de Gobierno.

            Ubicado en la calle Aldama y Quinta, el cine Ideal fue parte de la campaña de Calderón y Salas Porras. Este teatro-cine, tuvo en el año de 1919 su mayor actividad, pues en el se presentaban compañías de zarzuela y variedades, transformistas, músicos y películas. A partir de 1920, dicho cine se centró en las actividades cinematográficas y proyectó, entre otras cintas, películas europeas y comedias de Charlie Chaplin. En 1925, se amenizaban las “vistas” con la música del quinteto Talavera y el Trío Mozart[50]. El cine Apolo, se ubicaba en la Av. Ocampo y calle Ojinaga, quien en 1920, al igual que el cine Ideal, se centró en actividades cinematográficas y proyectó películas europeas y comedias de Chaplin[51].

            El cine Estrella, se ubicó en la calle Aldama y calle 21, tuvo una gran vocación de teatro, pues ahí se presentaron compañías de gran prestigio a lo largo de los años veinte, treinta y cuarenta. Este cine desapareció a causa de un incendio provocado por un hombre ebrio que chocó su carro contra un poste de luz lo que provocó la catástrofe[52]. El cine Alejandría, se ubicó en la Av. Hidalgo y calle Guerrero, en la colonia Industrial. Este cine-teatro, fue fundado en 1921 por Don Habib Bolos Issa, de origen árabe[53]. Hasta hace poco, aun se podían encontrar vestigios del mismo. El cine Ávalos se encontraba ubicado dentro de la ex fundidora del mismo nombre. El recinto, fue parte de los trabajadores de la fundición durante la década de 1930[54].

            El nuevo cine Alcázar, se ubicó en la calle Victoria, frente a la Plaza de Armas, en el primer plano de la ciudad, el teatro-cine Alcázar, se inauguró en enero de 1927 con la proyección de la película Ben Hur. Este recinto, fue de los últimos en que se presentaron variedades. Al ser parte de la cadena de Calderón y Salas Porras, era uno de los lugares más caros pero el que mejor publicidad tenía. Al ser un establecimiento de renombre, fue el primer cine en donde se llevó a cabo la primera proyección de la cinta sonora; The Jazz Singer[55].

Y por último, el cine Azteca, cuyos orígenes se remontan hacia 1915, cuando Alberto Damiani presentó a las autoridades del Ayuntamiento, un plano y sus intenciones de construir un cine donde se exaltaran los valores y se alejara al obrero del vicio. Años más tarde, la compañía Calderón y Salas Porras, optaron por decorar la fachada del teatro-cine Azteca, con motivos de la cultura mexica. En sus primeros años, el cine proyectó filmes de Charlie Chaplin y Laurel y Hardy[56]. En la actualidad, aún se puede observar la fachada del establecimiento, que se encuentra en la Av. Ojinaga y calle Ramírez, el cual es ocupado por una reconocida cadena bancaria.

Conclusiones

Luego de su invención, presentación, recorrido y expansión del cinematógrafo por el mundo, su presencia en México se convirtió en poco tiempo, en el entretenimiento predilecto de la sociedad. Con la llegada del mismo a la ciudad de Chihuahua, los capitalinos experimentaron las mismas emociones y sentimientos que el resto de los habitantes del país que presenciaron una proyección de “vistas”. Poco a poco, conforme el tiempo avanzó, y la inclinación por acudir a ver paisajes e imágenes en movimiento, el cinematógrafo buscó espacios donde fuera acogido, hasta llegar a su recinto actual, y el más conocido, pero también, se cambió el contenido que se mostraba al espectador, desde simples secuencias fílmicas, noticieros bélicos hasta películas con una trama definida y con sonido.

            Ni siquiera la revolución mexicana se convirtió en un impedimento para que los capitalinos salieran y disfrutaran de una proyección, al contrario, el cine aumentó su popularidad, al grado de comenzar a construirse varios establecimientos formales, algunos, ya desaparecidos del paisaje urbano, otros fueron reutilizados para dar albergue a otros negocios, mientras que una gran mayoría, han quedado en el olvido de la memoria colectiva y han sido sepultados en el olvido. Otro de los tópicos que han sido olvidados, fueron los contratiempos que el cinematógrafo vivió en sus primeros años de exhibición, además de su competencia directa con el kinetoscopio, pronto el invento francés ganó terreno obteniendo una partida al quedarse dentro del gusto de la población mexicana.

No cabe duda de que el cine es magia, y que esa magia se convirtió en el negocio de muchas personas que vieron en el la capacidad de conseguir jugosas ganancias al construir empresas dedicadas con mera exclusividad al negocio fílmico. Lamentablemente, la gran mayoría de las cintas que fueron proyectadas en su tiempo, han desaparecido, ya sea por falta de una correcta preservación o por descuidos al momento de almacenarlas, o quizá, algunas se perdieron a causa de algún incendio. No queda más que disfrutar de una invención que ha atraído prosperidad y alegría a los espectadores y que ha mostrado lo que muchas personas desconocían.


[1] Rubén Beltrán Acosta, entrevista de María de los Ángeles Montana Gallardo. “Entrevista al cronista Rubén Beltrán Acosta. Realizada 28 de octubre de 2016, Chihuahua, Chih.

[2] Kate Santon y Liz McKay, “La Primera Guerra Mundial”, en Atlas de Historia del Mundo, (Barcelona: Parragon Books, Ltd, 2006), 220

[3] Kate Santon y Liz McKay, “La Gran Depresión”, en Atlas de Historia del Mundo, 230

[4] Pablo Escalante Grijalbo, “La Revolución”, en Nueva Historia Mínima de México Ilustrada, (Ciudad de México: Colegio de México, 2008), 393 – 467

[5] Luis Aboites Aguilar, “La revolución antiterracista y la reorganización política (1910 – 1930)”, en Historia breve de Chihuahua, (Distrito Federal: Fondo de Cultura Económica, 2010), 30

[6] María de los Ángeles Montana Gallardo, “La Legislación del Buen Gusto: El Código Hays y la Censura en Hollywood 1934 – 1968” (tesis de licenciatura, Universidad Autónoma de Chihuahua, 2020), 62

[7] Ibídem., 63.

[8] Aurelio de los Reyes, “Llegando el tren a Toluca”, en Cine y Sociedad en México 1896 – 1930, (Ciudad de México: UNAM, 1981), 27

[9] Ibídem.

[10] Ibídem.

[11] Juan Felipe Leal y Aleksandra Jablonska, “Camarógrafos a caballo. La revolución mexicana y la industria cinematográfica estadounidense”, en La revolución mexicana en el cine estadounidense: 1911 – 1921, (Ciudad de México: Editorial Juan Pablos, 2014), 13

[12] Ibídem.

[13] Aurelio de los Reyes, Op. Cit., 21

[14] Ibíd., 34

[15] Ibíd., 43

[16] Ibíd., 45

[17] Ibíd., 34

[18] Ibídem.

[19] Ibíd., 42 y 44

[20] Cine Silente Mexicano, “Carlos Mongrand en Toluca”, Cine Silente Mexicano disponible en: https://cinesilentemexicano.wordpress.com/tag/carlos-mongrand/ (consultado 26-11-16)

[21] Juan Felipe Leal y Eduardo Barraza, “El encanto de Monsieur Mongrand”, en La Magia del Cine, (Ciudad de México: UNAM, 2014), 21

[22] Alma Montemayor, “Los orígenes”, Cien Años de Cine en Chihuahua, (Chihuahua: Instituto Chihuahuense de la Cultura, 1998), 11

[23] Ibídem.

[24] Rubén Beltrán Acosta, entrevista de María de los Ángeles Montana Gallardo. “Entrevista al cronista Rubén Beltrán Acosta. Realizada 28 de octubre de 2016, Chihuahua, Chih.

[25] Alma Montemayor, Op. Cit.

[26] Ibídem.

[27] Aurelio de los Reyes, Op. Cit., 38

[28] Ibídem.

[29] Ibíd., 39

[30] Juan Felipe Leal, “Presentación”, El cinematógrafo y los teatros, (Ciudad de México: Voyeur, 2009), 9

[31] Ibíd.,  10

[32] Ibíd.,  12, 18

[33] Ibíd.,  18

[34] Alma Montemayor, “El Centenario”, Cien años de cine en Chihuahua, 17

[35] Archivo Histórico Municipal de Chihuahua, Fondo Revolución,  Sec. Secretaría, Caja 7, Exp. 5 “Permisos para funciones de teatro, funciones cinematográficas”

[36] Alma Montemayor, Op. Cit., 18

[37] Ibídem.

[38] Juan Felipe Leal y Aleksandra Jablonska, “De la historia a la renovación de un mito: La Revolución mexicana en el cine documental estadounidense”, La Revolución mexicana en el cine estadounidense, ed. Voyeur (Ciudad de México: Voyeur, 2014), 91

[39] Archivo Histórico Municipal de Chihuahua, Fondo Revolución,  Sec. Secretaría, Caja 12, Exp. 1 “El Sr. Alberto Damiani solicita permiso para construir un salón de cinematógrafo”

[40] Archivo Histórico Municipal de Chihuahua, Fondo Revolución,  Sec. Secretaría, Caja 5, Exp. 17 “Se concede permiso a la Cía de anuncios y diversiones La Republica para funciones de cinematógrafo”

[41] El Heraldo de Chihuahua, “Empresarios se lanzan a la aventura del cine”, El Heraldo de Chihuahua, 28 de febrero de 2009.

[42] Alma Montemayor, “Calderón y Salas Porras”, Cien años de cine en Chihuahua, 41 – 42

[43] Ibídem.

[44] Alma Montemayor, “El cine Azteca”, Cien años de cine en Chihuahua, 24

[45] Alma Montemayor, “El Centenario”, Cien años de cine en Chihuahua, 17 – 18

[46] Alma Montemayor, “Salón Rosa”, Cien años de cine en Chihuahua, 13 – 14

[47] Alma Montemayor, “Salón Rosa”, Cien años de cine en Chihuahua, 13 – 14

[48] Alma Montemayor, “El viejo cine Alcázar”, Cien años de cine en Chihuahua, 15 – 16

[49] Alma Montemayor, “El cinema Héroes”, Cien años de cine en Chihuahua, 25 – 26

[50] Cine Silente Mexicano, “Los primeros cines en Chihuahua”, Cine Silente Mexicano, disponible en:  https://cinesilentemexicano.wordpress.com/2011/02/25/los-primeros-cines-en-chihuahua/ (consultado 17-11-16)

[51] Ibídem.

[52] Ibídem.

[53] Raúl Balderrama Montes, “Cine-teatro Alejandría”, Synthesis, disponible en: http://webutils.uach.mx/extension/synthesis/4.htm (consultado: 26-11-16)

[54] Alma Montemayor, “Los deportes”, Ávalos, Ayer, hoy y siempre, (Chihuahua: Gobierno del Estado de Chihuahua, 2012), 96

[55] Alma Montemayor, “El cine Alcázar”, Cien años de cine en Chihuahua, 21 – 22

[56] Alma Montemayor, “El cine Azteca”, Cien años de cine en Chihuahua, 23 – 24

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